11 noviembre 2019
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11 noviembre 2019, Comments 0

Anoche fue una de las mejores noches de mi vida entera. Sí, incluso mejor que aquella en la que mi prometido me propuso matrimonio en el mejor restaurante de la ciudad. Si estas preguntándote cómo es eso posible, voy a contártelo con todos los detalles sobre esa sorpresa en la oficina, con strippers increíbles incluidos.

Ayer fue mi último día de trabajo antes de las vacaciones, soy diseñadora gráfica en una pequeña empresa y por lo tanto, todos los trabajadores nos conocemos desde hace mucho tiempo. Como mi boda se acercaba, mis compañeros estuvieron planeando en secreto una celebración que nunca olvidaría y vaya que estuvo muy bien.

A las 7 en punto estaba comenzando a recoger mis cosas para irme a casa, cuando mi amiga Sara me pidió que la esperará unos minutos. De pronto la música comenzó a sonar con fuerza por toda la oficina y mis compañeros aparecieron con sombreros, collares y lentes, bailando y llevando botellas. Era una especie de fiesta sorpresa especialmente para mí.

– Te vas directo al matadero – había dicho entre risas el otro diseñador gráfico llamado Antonio– así que disfruta esta fiesta y bebe todo lo que puedas.

Me reí con gusto y acepté la sugerencia casi de inmediato. 5 cubatas más tarde me encontraba sobre el escritorio de María bailando a todo dar, había dejado los tacones y el teléfono en algún lugar, pero todos estábamos pasándola tan bien que simplemente no le presté atención a esos detalles. Mi boda se acercaba y lo mejor que podía hacer para enfrentar esos nervios era vivir el momento con mis buenos compañeros.

–  Eh, tía –gritó Sara de pronto llamando mi atención – coge una silla y toma asiento.

–Quiero bailar, no seas aguafiestas –le contesté riéndome– ven y baila tú también.

–Hazme caso, que tu sorpresa ya viene subiendo por el ascensor – dijo ella pausando la música y acercándose a mí– he contratado a un stripper de una de las mejores empresas de toda Barcelona, tía. Se llama Marc S, míralo aquí en la web de Strippers.

El sonido en la puerta me interrumpió antes de que pudiera decir nada y cuando la abrieron un chico y una chica entraron con total seguridad. Sus cuerpo trabajados dejaron a la oficina entera con la boca abierta y yo sentí que los ojos iba a salirse de mis cuenca cuando vi aquel culazo atrapado bajo el pantalón de Marc, el stripper.

Un buen electro comenzó a sonar decadente y sensual, unas manos me arrastraron hasta una silla, instándome a sentarme. El show comenzó de pronto y la ropa de los strippers comenzó a volar, bailaban al ritmo de la canción moviéndose con una soltura y una elegancia sorprendente. Sus cuerpos bien definidos se revelaban un poco más aumentando los gritos y jadeos de todos en la oficina, incluyéndome.

Marc bailó especialmente para mí mostrándome una sonrisa picante que aceleraba mi corazón. Grité y goce como nunca antes lo había hecho, realmente me dejé ir por completo y fue la mejor experiencia de mi vida entera. No es de extrañar que hoy este totalmente ronca y con una sonrisita de oreja a oreja que no se me quita de la cara.

Sin duda la mejor despedida de solteros que pude haber tenido.

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